“¿Y si le dijera que el cuerpo humano no solo almacena las memorias del individuo, sino también las memorias de sus ancestros? Memoria genética, si así quiere llamarlo. Migración, hibernación, reproducción. ¿Cómo los animales saben cuándo irse y a dónde ir? ¿Cómo saben qué deben hacer?”.
El doctor Warren Vidic sabía lo que decía: es posible que los recuerdos de nuestros antepasados se queden registrados o grabados en nuestro ser. Las memorias se heredan, como el color de pelo o el tamaño de los ojos. Eso explica por qué muchas veces reconocemos lugares donde no hemos estado nunca o tenemos la sensación de haber vivido algo parecido anteriormente (lo que comúnmente llamamos “deja vu”).
Algunos relacionan este hecho con la reencarnación, es decir, cuando una persona muere, no desaparece, sino que nace siendo otra persona o incluso un animal, y todo depende de cómo ha vivido su vida: si ha sido honrado, tendrá una vida mejor. Si, por el contrario, ha provocado el caos allá donde fuera, su vida será más desdichada.
Por otra parte, los científicos intentan explicar este hecho con la memoria genética o atávica. Se trata de un concepto que describe una serie de procesos relacionados con la biología y la psicología de los ancestros, otorgando así una memoria de un individuo en particular o de una especie entera.
Esta memoria no solo depende del contexto histórico del antepasado, sino también de las condiciones actuales. Se trata de una respuesta innata, presente desde el nacimiento y no requiere que el ser en concreto tenga que aprenderlo a través de sus padres. Es por eso que un ser vivo cuando nace, sin que nadie le tenga que enseñar nada, es consciente de que necesita comer o busque calor en su madre porque tiene frío.
La memoria genética está basada en la idea de que experiencias comunes de una especie acaban incorporadas en su código genético, con el propósito de responder de cierta manera a unos estímulos concretos. Esta teoría, explicada por Carl Jung (fundador de la psicología profunda y pionero en el psicoanálisis), explica que, tanto la memoria racial como la memoria cultural, retienen hábitos, costumbres y mitos dependiendo de los grupos sociales.
A raíz de las investigaciones de Jung, otros muchos científicos siguieron sus pasos. Tal ha sido la repercusión de estos análisis que el estudio de la biología molecular y del ADN ha evolucionado de una manera asombrosa, permitiéndonos soñar con un futuro en el campo de la clonación, donde sería posible perpetuar en el tiempo linajes que poseen las mismas características genéticas que sus progenitores; y, por otra parte, nos permiten ver el pasado, gracias a la reconstrucción de genomas de grupos de organismos extinguidos hace millones de años.
Desgraciadamente, estos proyectos se quedan en teorías y sueños, ya que nos alejan de la realidad y nos introducen de lleno en la ciencia ficción, provocando que más de un entusiasta del campo de la memoria genética adaptara estos estudios en sus novelas y trabajos.
Muchos seguidores de la memoria genética piensan que no sólo podrían adquirir o mejorar caracteres para transmitírselos a su descendencia, así como su personalidad y sus experiencias. Estos recuerdos podrían resurgir inconscientemente, por el uso de una tecnología avanzada o el adiestramiento adecuado, tal y como se ha mostrado en Assassin’s Creed: Desmond revive los recuerdos de sus antepasados a través del Animus.
Gracias al Animus, Desmond aprende las técnicas de los asesinos a través de Altaïr y Ezio, dos antepasados suyos integrantes de la orden de los asesinos, así como la filosofía de cada uno y su manera de vivir.
(Continuará…)
Post relacionados:
“Soy prisionero de guerra, en una guerra que no sabía que exi ...
A través de la red uno puede disfrutar de multitud de juegos ...




